El Barcelona selló su pase a las semifinales de la Champions League en medio de un vendaval futbolístico en el Signal Iduna Park. A pesar de caer 3-1 ante un Borussia Dortmund implacable, el equipo de Hansi Flick hizo valer el contundente 4-0 logrado en la ida. El encuentro se convirtió en una auténtica prueba de resistencia para un conjunto culé que, por momentos, pareció desdibujado en el césped alemán.
El guion en Dortmund fue uno de esos que parecen escritos para dejar huella. Con una puesta en escena eléctrica, el conjunto dirigido por Niko Kovac salió decidido a pelear hasta el último aliento. En los primeros minutos ya había generado más peligro que en toda la ida. Y el premio llegó pronto: Guirassy abrió el marcador de penal a los 10’, tras una revisión del VAR que corrigió un fuera de juego inicial. Ese gol alimentó el ímpetu local, que no se detuvo. A los 49′, el delantero guineano volvió a marcar, esta vez de cabeza tras un córner, y encendió las alarmas en la banca del Barça.
Apenas dos minutos después, cuando el Barça no encontraba respuestas ni con el ingreso de Pedri, apareció el alivio en forma de autogol: Bensebaini empujó el balón dentro de su propio arco tras un centro de Fermín, y el 2-1 calmó momentáneamente a los visitantes. Pero la pesadilla no había terminado.
Guirassy completó su hat-trick a los 76’ luego de un grosero error de Araujo. El 3-1 volvía a poner la serie en tensión. Dortmund necesitaba dos goles más para forzar el alargue, y de hecho los marcó, pero ambos fueron anulados por fuera de juego. La presión germana fue asfixiante hasta el pitazo final, pero no alcanzó.
Fue una noche en la que el Barcelona tocó fondo futbolístico pero logró sostener la serie gracias a su ventaja previa. Es su primera clasificación a semifinales desde 2019, aunque las dudas que dejó el rendimiento del equipo invitan a la reflexión. Flick, consciente del bajón, apostó por las rotaciones y pagó caro, aunque sigue vivo. El sufrimiento, esta vez, tuvo recompensa.