En una noche caliente en Guayaquil, River Plate ratificó su ambición en la Copa Libertadores con una victoria por 3-2 sobre Barcelona que lo dejó como único líder del Grupo B. Pero más allá del resultado, el equipo de Marcelo Gallardo mostró una madurez táctica notable, especialmente en la jugada del tercer gol, donde la fórmula no fue la esperada: desborde de Miguel Borja y definición de Franco Mastantuono.
La acción tuvo todos los condimentos que el Muñeco exige a sus dirigidos: intensidad, compromiso, lectura del juego y solidaridad. Borja, que había ingresado en el entretiempo por Sebastián Driussi, no dio por perdida una pelota sobre la banda izquierda, resistió el forcejeo de Vallecilla sin buscar el contacto para simular penal y ganó con potencia para llegar hasta el fondo. El centro rasante fue un pase exacto que Mastantuono, atento, capitalizó sin marca dentro del área chica. Un gol simple en su ejecución, pero profundo en su significado colectivo.
La anotación fue el primer tanto en la actual Libertadores para Mastantuono, que ya suma cinco en el año, y lo posiciona como uno de los goleadores del equipo junto a Borja, Driussi y Colidio. El juvenil, que viene de brillar con una joya de tiro libre ante Boca, esta vez mostró otra faceta: la del oportunista frío que sabe cuándo y cómo aparecer.
Gallardo, desde el banco, lo celebró con mesura. Sabe que su River está evolucionando. Que Borja, más allá de su papel como nueve de área, puede ofrecer desmarques, rupturas y sacrificio por los costados. Que Mastantuono sigue madurando en silencio y respondiendo en la red. Y que este grupo puede reinventarse sin perder identidad. En Guayaquil, River no sólo ganó: envió un mensaje claro al continente.