La tercera etapa de Miguel Ángel Russo como entrenador de Boca comenzó con una consigna clara: reducir un plantel sobrepoblado y reordenar un vestuario golpeado por conflictos internos y falta de disciplina. Apenas unos días después de su presentación, ya hay una larga lista de jugadores que no serán tenidos en cuenta y cuyas salidas parecen inminentes. Desde figuras que fueron clave en ciclos anteriores hasta futbolistas que no lograron asentarse, el club ya escucha propuestas por varios apellidos pesados.
Uno de los nombres más resonantes es el de Sergio “Chiquito” Romero. El arquero, que supo vestir la camiseta de la Selección con orgullo, hoy está relegado tras la llegada de Agustín Marchesín. Su inactividad prolongada, sumada a una lesión en la rodilla a principios de año, marcó el comienzo del final en su etapa con el Xeneize. Ni siquiera los minutos que Fernando Gago le otorgó como gesto de respaldo fueron suficientes para revertir su situación, y hoy su continuidad está prácticamente descartada.
En defensa, el panorama no es más alentador para otros históricos. Luis Advíncula, si bien aún pelea por un lugar, parece tener el ciclo cumplido. Su contrato, el desgaste físico y las señales del cuerpo técnico indican que su salida es cuestión de tiempo. Algo similar ocurre con Marcelo Saracchi, envuelto en polémicas, con bajo rendimiento y sin respaldo del hincha, lo que facilita su salida.
También aparecen en la lista de negociables Cristian Lema, seguido de cerca por Belgrano; Esteban Rolón, sin minutos desde su regreso de un préstamo; y Frank Fabra, cuyo vínculo con el club parece llegar a su fin después de años de altibajos y sin participación desde su lesión en 2024. En todos los casos, el club analiza ofertas para aligerar la nómina.
El caso de Marcos Rojo es distinto, pero no menos delicado. Capitán y referente, ha perdido respaldo a raíz de lesiones recurrentes y sanciones evitables. Con contrato hasta diciembre, todo indica que no renovará y su salida se dará en silencio, marcando el cierre de una etapa de cinco años.
Miguel Russo no quiere medias tintas: su regreso no es simbólico, es operativo. Boca necesita orden, jerarquía renovada y decisiones firmes. Y en ese camino, la renovación del plantel no es solo una posibilidad: es una urgencia.