Marcos Rojo protagonizó una de las situaciones más tensas tras el regreso de Boca del Mundial de Clubes, pero finalmente optó por un camino menos ruidoso: dejó atrás las intenciones de ruptura unilateral y regresó a Buenos Aires junto al resto del plantel. La escena que se preveía conflictiva terminó diluyéndose luego de que el defensor recapacitara y se alineara al mensaje de unidad impulsado por Miguel Ángel Russo, quien priorizó cerrar el proceso en Miami sin fisuras grupales.
Durante la estadía en Estados Unidos, el defensor central no disputó un solo minuto y eso profundizó su malestar. Incluso su entorno había deslizado la posibilidad de que no regresara con la delegación, alimentando una posible fractura con el club. Sin embargo, las declaraciones firmes del entrenador, que pidió mantener la cohesión del grupo, sirvieron para que Rojo reconsiderara su postura y optara por evitar un enfrentamiento abierto.
El vuelo de regreso se concretó con todos los futbolistas a bordo, incluyendo a quienes atraviesan sus últimos días como jugadores xeneizes. Rojo tiene contrato hasta diciembre pero ya no forma parte del proyecto deportivo. Su relación con el cuerpo técnico y la dirigencia, en especial con Juan Román Riquelme, está quebrada. Aun así, su decisión de volver con el grupo fue interpretada como una señal de voluntad para acordar una salida negociada.
Desde el club esperan que el ex Manchester United se presente la semana próxima en el predio para definir los términos de su desvinculación. En paralelo, Boca se prepara para una renovación profunda: a Rojo podrían sumarse otros nombres de peso en la lista de salidas como Sergio Romero, Frank Fabra o Advíncula.
En medio de un recambio necesario, la vuelta de Rojo con el grupo no borra las diferencias, pero al menos evita un cierre conflictivo y deja la puerta abierta para una salida en paz.