La participación de Boca en el Mundial de Clubes dejó un sabor amargo. Aunque el equipo mostró algunos momentos de buen juego, la eliminación prematura, coronada con la derrota ante el modesto Auckland City, encendió las alarmas en el cuerpo técnico. Miguel Ángel Russo, que había retomado el mando con la esperanza de un semestre exitoso, ahora tiene la difícil tarea de reconstruir un equipo que mostró muchas más dudas que certezas en suelo estadounidense.
De regreso en Ezeiza, Russo no perdió tiempo. Apenas pisaron Buenos Aires, el cuerpo técnico programó entrenamientos en doble turno, reuniones individuales y un seguimiento minucioso sobre el rendimiento de cada jugador. La consigna es clara: corregir de inmediato los errores que condenaron al equipo en el torneo internacional.
Uno de los aspectos que más inquieta al entrenador es la fragilidad defensiva en las pelotas detenidas. En tres partidos, el Xeneize recibió dos goles directos desde córners y otro tras un penal generado a partir de una jugada similar. “Son fallas evitables, y en este nivel se pagan caro”, habría comentado Russo en privado. No fue casualidad que Benfica y Auckland, con menos posesión, hayan lastimado en ese rubro.
Pero no es el único punto en la agenda. La falta de creatividad ofensiva fue notoria, sobre todo ante rivales de menor jerarquía. Contra Auckland, Boca lanzó más de 70 centros sin precisión ni sorpresa. Para Russo, al equipo le faltó movilidad, diagonales y agresividad en los últimos metros. En sus palabras, “faltó juego para marcar diferencias”.
Tampoco pasó desapercibida la falta de solidez emocional. En los tres encuentros, Boca estuvo en ventaja y no supo sostenerla. Además, las expulsiones, como la de Figal, agravaron el cuadro. “No podemos entrar 11 y salir menos. Son detalles que marcan partidos”, repitió el DT en la intimidad.
Mientras se acerca el debut frente a Argentinos Juniors en el Torneo Clausura, y con la Copa Libertadores como gran objetivo, Russo sabe que no hay margen para errores. La reconstrucción ya empezó, pero Boca necesita respuestas inmediatas si quiere volver a pelear en serio.