El martes amaneció con una decisión que puede cambiar el rumbo de la gestión de Juan Román Riquelme al frente de Boca. El presidente decidió disolver el Consejo de Fútbol que conformaban sus hombres de mayor confianza: Jorge Bermúdez, Raúl Cascini, Mauricio Serna y Marcelo Delgado.
Los dos exvolantes, Cascini y Serna, serían directamente apartados de sus funciones. Bermúdez también estaría fuera, mientras que el “Chelo” Delgado seguiría ligado al club, pero en otra función aún no especificada. La medida, si bien todavía no fue oficializada por Boca, marca una ruptura interna que nadie imaginaba tan pronto.
La novedad, que ya había empezado a circular en las últimas semanas, cobra ahora otra dimensión por el contexto: Boca atraviesa un momento deportivo irregular, la presión sobre el técnico Russo crece y, por primera vez, Riquelme decide intervenir en su propio bastión, el predio de Ezeiza, donde se gestaban todas las decisiones futbolísticas.
La versión incluye además la posible llegada de un nuevo manager, con un perfil totalmente distinto, más técnico que mediático. La limpieza interna también puede leerse como un intento de recuperar el control de un espacio que se había vuelto incómodo y con múltiples voces.
De avanzar esta reestructuración, no solo se tratará de un cambio de nombres. Será el final de una era en Boca, aquella en la que Riquelme delegó la gestión futbolística en sus excompañeros. Ahora, el control vuelve a estar en sus manos, más solo que nunca, pero con la decisión de marcar el rumbo desde arriba.