La reciente disolución del Consejo de Fútbol marcó un antes y un después en la conducción deportiva de Boca Juniors. El movimiento, impulsado directamente por Juan Román Riquelme, dejó sin efecto una estructura que fue símbolo de su estilo de gestión desde que asumió en el club. Ahora, el foco está puesto en el futuro: cómo rearmará el mapa dirigencial de una institución que atraviesa una fuerte crisis interna y deportiva.
La salida de Mauricio Serna y Raúl Cascini, hasta hace poco figuras visibles de la toma de decisiones en el fútbol profesional, no fue una sorpresa total, aunque sí generó un fuerte impacto puertas adentro. El cambio venía gestándose en silencio desde hace semanas y, según fuentes cercanas al club, la determinación final fue tomada exclusivamente por el presidente. El único que permanecerá en funciones es Marcelo Delgado, estrecho colaborador de Riquelme y uno de los pocos que conserva su plena confianza.
Actualmente, Delgado asumió varias de las tareas que antes se repartían en el Consejo. Desde reuniones contractuales, como la que mantuvo con el entorno de Marcelo Saracchi por su salida, hasta cuestiones ligadas a la comunicación institucional, su rol se expandió de manera acelerada. Sin embargo, la carga operativa y política del fútbol profesional obliga al club a tomar decisiones más amplias y, en ese sentido, ya se analizan posibles incorporaciones.
La opción que gana fuerza es la de nombrar a un nuevo director deportivo o manager, lo que implicaría un rediseño en la estructura de gestión. En el radar ya aparecieron varios nombres, entre ellos dos históricos del club: Carlos Fernando Navarro Montoya y Alberto Márcico. Más allá del pasado distante que los enfrentó en épocas de internas mediáticas, ambos cuentan con experiencia y respaldo dentro del mundo Boca. También surgieron como alternativas José Pekerman y Claudio Borghi, aunque sus chances parecen más lejanas.
Mientras tanto, la figura de Jorge Bermúdez permanece en suspenso. El colombiano se encuentra desde hace tiempo en su país por motivos personales y su continuidad en la institución es incierta. Aunque ya había sido apartado formalmente en 2022, regresó meses después, alimentando las versiones sobre su relación oscilante con el presidente.
En este contexto, Riquelme y Delgado trabajan en silencio para definir la nueva configuración del fútbol xeneize. La expectativa en el club es alta, y no se descarta que haya anuncios oficiales la semana próxima. El desafío es doble: reordenar el funcionamiento interno en medio de un presente deportivo irregular y recuperar la confianza de un hincha que empieza a mirar con otros ojos a su máximo ídolo.