El triunfo de Boca por 3 a 0 frente a Independiente Rivadavia en el estadio Malvinas Argentinas quedó marcado no solo por el regreso a la victoria después de una larga racha adversa, sino también por la inesperada reacción de Édinson Cavani al dejar el campo de juego. El delantero uruguayo, que no atraviesa su mejor momento futbolístico, fue protagonista de un cruce con la platea local que generó polémica y sorprendió por tratarse de un jugador con fama de mantener siempre la calma.
Todo comenzó en el segundo tiempo, cuando Miguel Ángel Russo decidió reemplazarlo por Milton Giménez. El gesto de fastidio del atacante fue evidente, incluso llegando a reprocharle la decisión a Claudio Úbeda, asistente del entrenador. Mientras se retiraba rumbo al vestuario, los hinchas mendocinos le lanzaban insultos y provocaciones desde la platea. Fue entonces cuando Cavani respondió con una serie de gestos que no pasaron inadvertidos: primero con la mano derecha, marcando un “váyanse” en dirección al público, y luego con la imitación del movimiento de una pala, en alusión a que “vayan a trabajar”.
El episodio llamó la atención porque el “Matador”, a lo largo de su extensa trayectoria, se ha caracterizado por la sobriedad y la profesionalidad, evitando este tipo de confrontaciones con la hinchada rival. Sin embargo, el fallido gol en el primer tiempo bajo el arco y la bronca por ser el primer cambio de su equipo parecen haber encendido la chispa de una reacción poco habitual en él.
En Boca reconocen que la escena no cayó de la mejor manera, aunque aseguran que el delantero recompuso la situación puertas adentro y no habrá sanciones disciplinarias. Este cruce trae inevitablemente a la memoria aquel episodio de 2018, cuando Darío Benedetto discutió con un hincha de River en el Monumental en plena final de la Copa Libertadores y le lanzó una frase similar: “Anda a laburar”.
Cavani, a los 38 años, atraviesa un momento en el que su jerarquía contrasta con la falta de eficacia frente al arco. Su reacción en Mendoza fue el reflejo de una noche cargada de frustración personal, que terminó opacando la alegría de Boca por un triunfo que necesitaba con urgencia.