River Plate consiguió el objetivo de meterse entre los ocho mejores de la Copa Libertadores, aunque lo hizo de una manera mucho más sufrida de lo esperado. En un Monumental colmado, el equipo de Marcelo Gallardo superó a Libertad de Paraguay por penales, después de igualar 1-1 en los 90 minutos, en una noche cargada de tensión que tuvo de todo: goles, errores defensivos, una expulsión y la figura de Franco Armani, decisivo en la tanda desde los doce pasos.
El partido comenzó con el Millonario dominando y encontrando la ventaja a través de Sebastián Driussi, quien capitalizó una jugada rápida para abrir el marcador y hacer estallar al estadio. Sin embargo, cuando parecía que el trámite estaba bajo control, una distracción en defensa permitió que Robert Rojas, ex River, marcara la igualdad y pidiera perdón en el festejo. El empate dejó un clima enrarecido y el primer tiempo se cerró entre silbidos hacia el equipo, reflejo de la impaciencia de los hinchas.
La situación se complicó aún más en el complemento. A los pocos minutos, Giuliano Galoppo vio la roja por doble amonestación y River quedó con diez hombres. Desde ese momento, el conjunto paraguayo creció en confianza y generó situaciones claras que pusieron a prueba a Armani, quien respondió con atajadas determinantes para sostener la paridad. En las tribunas, la hinchada buscó empujar con cánticos, mientras Gallardo intentaba reordenar el equipo con cambios que no siempre fueron bien recibidos por los protagonistas, como ocurrió con la salida de Juan Fernando Quintero.
Con el 1-1 sellado en el tiempo reglamentario, la serie se definió desde el punto penal. Allí apareció la jerarquía del arquero millonario: Armani tapó un disparo clave y se transformó en el héroe de la clasificación. Con las ejecuciones certeras de Nacho Fernández, Borja y Martínez Quarta, River cerró la serie por 3-1 y desató la locura en Núñez.
De esta manera, el conjunto de Gallardo avanza a los cuartos de final, aunque con la certeza de que deberá corregir errores si pretende llegar más lejos. El Monumental, que había comenzado la noche con reproches, terminó convertido en una fiesta gracias a la seguridad de su arquero y al temple de un equipo que, aun con altibajos, volvió a demostrar que sabe sufrir en la Copa.