El empate entre Boca y Rosario Central dejó un episodio que generó ruido puertas adentro del club, aunque sin consecuencias graves para el futuro inmediato. Carlos Palacios, de 25 años, mostró su descontento con la decisión del cuerpo técnico de reemplazarlo a los 27 minutos del segundo tiempo, cuando Miguel Ángel Russo decidió enviar a la cancha a Alan Velasco.
La situación se hizo evidente frente a las cámaras cuando el chileno se acercó al banco y se dirigió directamente a Claudio Úbeda, ayudante de campo de Russo, con un gesto de reproche. “¿Salgo yo?”, le dijo, visiblemente molesto, antes de caminar lentamente hacia su asiento en la zona de suplentes. Allí, incluso, algunos de sus compañeros intentaron calmarlo ante la evidente frustración.
El enojo del mediocampista tuvo su raíz en un rendimiento discreto, ya que a lo largo de los 73 minutos en cancha no logró generar conexiones ofensivas ni mostrarse como una pieza clave en el armado de juego. Apenas se destacó con un remate de media distancia, pero estuvo lejos de ser determinante, algo que se repite en sus últimas presentaciones. Esto, sumado a ciertos antecedentes extrafutbolísticos, explica por qué las críticas de los hinchas empiezan a apuntar hacia él.
De todas formas, desde el club consideran que lo sucedido no pasará de una charla aclaratoria en la práctica de este martes. El cuerpo técnico, en la línea de lo ocurrido con otros futbolistas en episodios similares, buscará cerrar el tema de inmediato. Russo, de 69 años, mantiene la decisión final, aunque nada indica que Palacios vaya a recibir un castigo deportivo. Incluso, se espera que pueda ser tenido en cuenta para el compromiso frente a Central Córdoba el próximo domingo.
No es la primera vez que un futbolista de peso expresa su malestar al ser reemplazado en este ciclo. En Mendoza, frente a Independiente Rivadavia, Édison Cavani protagonizó una escena similar con Úbeda. Lejos de traer consecuencias, aquel episodio derivó en que el delantero uruguayo luego completara todos los partidos enteros. Algo parecido ocurrió con Miguel Merentiel en la caída contra Huracán, cuando el delantero ingresó confundido y debió retirarse enseguida al percatarse de que había sido sustituido. En todos los casos, las tensiones quedaron resueltas tras una charla a puertas cerradas.
El caso Palacios parece inscribirse en esa misma lógica: un gesto de fastidio en caliente, propio de la exigencia y la competencia, que no modificaría la consideración que Russo tiene sobre él.