Miguel Ángel Russo dejó un legado imborrable en el fútbol argentino y su despedida refleja la pasión que lo acompañó hasta sus últimos días. El histórico entrenador de Boca Juniors falleció a los 69 años, rodeado de sus seres queridos y vestido con la ropa del club que tanto amó, cumpliendo su último deseo de permanecer ligado a la institución hasta el final. Su partida, que conmueve a todo el país, resalta no solo su trayectoria deportiva sino también la calidez humana que siempre lo caracterizó.
Durante los días previos a su fallecimiento, Russo se mantuvo atento a cada detalle del plantel xeneize. Aunque su enfermedad avanzaba y requería cuidados paliativos en su hogar en Palermo, nunca perdió el contacto con el fútbol que lo definió. Sus familiares contaron que el entrenador pidió vestirse con un short azul y oro, idéntico al que usó en sus primeras prácticas de su tercer ciclo en el Mundial de Clubes, un gesto simbólico que reflejaba su vínculo inseparable con Boca.
El deterioro físico no lo alejó de las emociones del día a día del equipo. Su cuerpo técnico lo visitaba con frecuencia y Juan Román Riquelme también pasó a saludarlo y dialogar sobre los entrenamientos. Russo incluso recibía material de prácticas para analizarlas desde su hogar, mostrando que su mente estaba siempre puesta en el equipo, a pesar de las limitaciones físicas.
Uno de los momentos más emotivos de sus últimos días ocurrió el pasado domingo, cuando, debilitado, prendió el televisor para ver el partido de Boca frente a Newell’s. El equipo ganó 5-0, y Russo, con su habitual buen humor, festejó como un hincha más, contagiando alegría a quienes lo rodeaban. Gonzalo Belloso, presidente de Rosario Central y amigo del entrenador, relató que estuvo presente en sus últimos instantes y que un sacerdote le dio la bendición final antes de que Russo falleciera, en un momento descrito como sereno y conmovedor.
El final de su vida encontró a Miguel Ángel Russo con los colores de Boca puestos, cumpliendo su última voluntad y reafirmando su identidad como uno de los grandes íconos del club. Su legado trasciende las camisetas: el fútbol argentino entero lo despide con respeto, admiración y emoción, recordando tanto su capacidad táctica como la humanidad que siempre mostró, dejando una huella imborrable en clubes como Central, Lanús, Estudiantes y Vélez, además de Boca Juniors.