En una extensa charla que volvió a ponerlo en el centro de la escena pública, Juan Román Riquelme reapareció para hablar desde un costado íntimo y emocional, lejos de la política cotidiana y sin involucrarse en la actualidad futbolística de Boca. En el podcast Enfocados, conducido por Jefferson Farfán, el presidente xeneize repasó los momentos más significativos de su carrera y reforzó una idea que él mismo ya había expresado en otras oportunidades, pero que en esta ocasión volvió a sonar con una contundencia especial: su vida está indisolublemente unida a Boca Juniors. En un diálogo distendido, afirmó sin rodeos que su vínculo con el club excede cualquier rol o etapa, una relación que, según sus propias palabras, nunca dejó de guiar sus decisiones dentro y fuera de la cancha.
La entrevista se grabó en el vestuario de la Bombonera, un escenario cargado de historia que potenció el tono nostálgico de la conversación. Allí, Román repasó su carrera desde un prisma personal, destacando figuras que lo marcaron y momentos que definieron su trayectoria. Uno de los nombres que más emoción le generó fue el de Carlos Bianchi, a quien describió como una presencia única en la vida de todos los hinchas y jugadores. Recordó la cercanía del entrenador, su forma de conducir y el trato especial que tuvo con él durante los años dorados del ciclo más exitoso de la institución. La relación, según comentó, trascendió la cancha y se mantuvo en un plano íntimo que el propio Riquelme valoró de manera profunda.
La charla también derivó en uno de los episodios más sensibles de su carrera: su salida rumbo a Barcelona. Sin dramatismos, repasó aquel proceso que combinó deseos futbolísticos, situaciones personales y un contexto familiar que terminó empujándolo a tomar una decisión que no imaginaba en ese momento de su vida. Aunque reconoció lo que significó jugar en Europa y la honestidad con la que Louis van Gaal le habló desde el primer día, insistió en que su deseo siempre había sido extender su carrera con la camiseta azul y amarilla. Su regreso posterior al país, y su decisión de retirarse sin enfrentar a Boca, aparecieron como gestos que reforzaron un sentimiento que para él nunca estuvo en discusión.
Otro de los ejes del diálogo fue la Copa Libertadores, un torneo que marcó para siempre su figura. Riquelme reveló que la edición de 2007 fue la que más disfrutó por la madurez con la que atravesó aquella campaña y por el rendimiento colectivo que ofreció el equipo. Consciente de la expectativa que genera la búsqueda de la séptima, evitó promesas, pero dejó en claro que los jugadores que lo logren quedarán para siempre en la memoria del hincha.
El cierre estuvo dedicado al Superclásico, un territorio donde su figura se volvió leyenda. Rememoró el célebre caño a Yepes y explicó cómo vivía emocionalmente la previa de esos partidos, imaginando jugadas y sintiendo la presión de representar al club en uno de los escenarios más exigentes del mundo. Para él, la Bombonera es incomparable, y ganar un clásico tiene un significado que trasciende lo deportivo.
Sin presentar novedades políticas ni deportivas, la entrevista dejó una certeza: para Riquelme, Boca no es un capítulo de su historia, sino la esencia misma de su vida. Y cada vez que vuelve a hablar, lo reafirma con la misma convicción.
