La Selección de Uruguay atraviesa uno de los momentos más delicados de la era reciente luego de cerrar el año con una derrota que retumbó en todo el continente. El 5-1 sufrido frente a Estados Unidos, en un amistoso que se presentaba como la última prueba seria antes del tramo final hacia el Mundial de México, Estados Unidos y Canadá, desató una crisis que golpeó de lleno al proyecto encabezado por Marcelo Bielsa, cuya continuidad vuelve a quedar bajo análisis a poco más de seis meses para la cita mundialista.
El revés deportivo actuó como disparador para sacar a la luz un conflicto que venía gestándose en silencio desde hace meses. Puertas adentro del plantel, la relación entre los referentes de la Celeste y el entrenador argentino se habría deteriorado a un punto que hoy genera preocupación en la interna. Según trascendió, varios jugadores transmitieron su malestar a Matías Pérez, representante de los futbolistas en el ejecutivo, planteando que el mensaje de Bielsa ya no tiene el impacto que supo tener en el inicio del proceso.
En contraposición, la dirigencia mantiene una postura firme: desean la continuidad del DT y apuestan a sostener el proyecto iniciado en marzo de 2023, convencidos de que la estabilidad es clave para la preparación del Mundial. Desde ese sector consideran que la goleada, si bien fue dolorosa, no debería ser motivo suficiente para interrumpir el trabajo del entrenador a tan poco tiempo del gran objetivo internacional.
Bielsa, fiel a su estilo, enfrentó la conferencia de prensa sin esquivar su responsabilidad. “De ninguna manera los mejores jugadores de Uruguay pueden perder contra un grupo secundario de Estados Unidos”, expresó tajante, dejando en claro que la principal carga del resultado recae sobre su gestión. El técnico también remarcó que la diferencia de ritmo entre los futbolistas que tuvieron continuidad y aquellos con menos rodaje influyó en el desarrollo del encuentro, aunque evitó hacer señalamientos individuales.
Pensando en lo que viene, el entrenador explicó las dificultades propias del calendario, ya que Uruguay no tendrá actividad oficial hasta marzo. Para Bielsa, ese parate complica cualquier intento de acelerar la reconstrucción, porque considera que la única vía efectiva de comunicación y crecimiento con el plantel es a través de los partidos.
La goleada, sumada a los cuestionamientos internos, deja a la Celeste inmersa en un clima de incertidumbre. Las próximas semanas serán decisivas para determinar si el proyecto de Bielsa logra reacomodarse o si la selección uruguaya encara la recta final hacia la Copa del Mundo con un nuevo nombre en el banco de suplentes.
