El cierre de la temporada trajo una certeza que River buscó evitar hasta último momento: en 2026 disputará la Copa Sudamericana. La confirmación llegó tras la eliminación de Boca en semifinales del Torneo Clausura, el único escenario que podía abrirle al equipo de Marcelo Gallardo una puerta indirecta hacia la próxima Copa Libertadores. Sin ese resultado, el Millonario quedó definitivamente relegado al segundo torneo continental, un desenlace que refleja con precisión lo ocurrido durante un 2025 marcado por la irregularidad.
La campaña riverplatense dejó números que explican el destino final: un cuarto puesto en el Apertura, la salida en cuartos de final de la Libertadores, una semifinal en la Copa Argentina y la despedida en octavos del Clausura. Todo ello derivó en una ubicación que no le permitió aspirar a la clasificación directa y lo obligó a depender de un milagro ajeno. El equipo sostuvo la ilusión hasta el tramo final del año, pero su rendimiento propio nunca alcanzó la solidez necesaria para sostener un objetivo mayor. De esta forma se cortó una racha de 11 temporadas consecutivas en el torneo más importante de Sudamérica, un registro histórico a nivel argentino.
El impacto de este cambio deportivo también tendrá consecuencias económicas. La diferencia de premios entre ambos certámenes ronda los 27 millones de dólares, lo que representa un golpe relevante para un club que necesita sostener un presupuesto de alto nivel competitivo. Además, la Sudamericana otorga menos puntos camino al Mundial de Clubes 2029, un factor que también complica la planificación a largo plazo. A pesar de ello, River afrontará el desafío con la obligación de ser protagonista: por historia, infraestructura y plantel, el Millonario no puede permitirse un nuevo año de resultados discreto. Con el sorteo previsto para marzo, Gallardo y su cuerpo técnico ya analizan los escenarios y los futuros rivales de una edición que River no disputa desde 2015.