La nueva etapa institucional de River comenzó con movimientos fuertes y decisiones que ya generan impacto en el mercado de pases. A pocos días de asumir, Stefano Di Carlo dejó en claro que la estructura deportiva del club no funcionará como en los últimos años y que la política de incorporaciones tendrá un control mucho más estricto. La renovación del contrato de Marcelo Gallardo fue su primer gesto, pero la señal más contundente llegó después: el entrenador ya no manejará los criterios centrales de compra y venta como ocurría en gestiones anteriores.
El cambio fue anticipado por el periodista Gustavo Yarroch en Radio La Red, donde explicó que la Secretaría Técnica sufrirá una modificación profunda. Durante la presidencia de Jorge Brito, el trinomio Gallardo–Francescoli–Ponzio concentraba la toma de decisiones vinculadas al armado del plantel. Sin embargo, Di Carlo decidió que ahora será él quien lidere esa mesa estratégica. La intención es ordenar los gastos, limitar operaciones excesivas y evitar inversiones que superen ampliamente el valor real de los futbolistas.
Uno de los puntos que más ruido generó puertas adentro es el presupuesto. Según Yarroch, River dispondrá de entre 20 y 25 millones de dólares para moverse en este mercado, una cifra considerable pero que implica una poda en comparación con los últimos años. La dirigencia considera necesario ajustar debido al enorme desembolso realizado recientemente: más de 100 millones de dólares asignados al armado del plantel y otros 200 millones destinados a la remodelación del Monumental.
Dentro de esta reestructuración, Di Carlo busca impedir que se repitan casos como el de Kevin Castaño, una operación en la que River terminó pagando cifras muy por encima de las estimaciones iniciales. El objetivo actual es equilibrar la economía y evitar decisiones precipitadas que comprometan el futuro financiero del club. Por eso, se implementará un sistema de contratos con premios por objetivos, un esquema similar al europeo, en el que los salarios se complementan según rendimiento y participación.
Este nuevo escenario obliga a Gallardo a adaptarse a un modelo más rígido, donde la disponibilidad económica no será ilimitada y cada refuerzo deberá ingresar en un margen previamente estipulado. Si bien el Muñeco continuará al frente del proyecto deportivo, Di Carlo asumirá el rol final en la aprobación de cada movimiento.
La reingeniería ya está en marcha y promete un mercado de pases muy distinto al que River mostró en los últimos tiempos. El club busca orden, eficiencia y un control más firme del presupuesto, una señal clara de que la nueva gestión pretende cambiar la lógica de inversión sin resignar competitividad.
