En medio de un mercado de pases marcado por depuraciones, salidas y decisiones fuertes, Boca Juniors tomó una determinación que llamó la atención del mundo futbolero: la renovación del contrato de Javier García por una temporada más. El arquero, que no tiene actividad oficial desde hace casi dos años y está próximo a cumplir 39, representa un caso atípico dentro de la reestructuración que impulsa la dirigencia para el 2026.
Mientras varios futbolistas recibieron el aval para buscar nuevos destinos y otros regresaron de préstamos sin ser tenidos en cuenta, la continuidad de García respondió a una lógica distinta. En el día a día del club, su figura es considerada clave por el aporte que realiza fuera del campo de juego. Aunque desde lo deportivo ocupa desde hace tiempo el rol de tercer arquero, por detrás de Agustín Marchesín y Leandro Brey, su influencia interna es valorada como determinante para el equilibrio del vestuario.
En Boca destacan su liderazgo silencioso, su experiencia y la manera en la que acompaña a los más jóvenes, especialmente a los arqueros en formación. Su presencia cotidiana en los entrenamientos, el compromiso con el grupo y el respaldo permanente al cuerpo técnico lo posicionaron como un referente puertas adentro. No es un escenario nuevo: desde hace varias temporadas, la institución prioriza su rol humano y su capacidad para sostener un clima positivo, más allá de la falta de continuidad bajo los tres palos.
De todos modos, en el club también subrayan que, cuando le tocó jugar, respondió. Su última presentación oficial fue en marzo de 2024, en un partido ante Racing por la Copa de la Liga Profesional, donde fue titular ante la ausencia de Sergio Romero. Si bien una lesión lo obligó a dejar la cancha en el segundo tiempo, aquella actuación reforzó la confianza interna en su profesionalismo y preparación.
Luego de analizar incluso la posibilidad del retiro, Javier García extendió su segunda etapa en Boca con el respaldo del cuerpo técnico encabezado por Claudio Úbeda y de la dirigencia liderada por Juan Román Riquelme, amigo personal y excompañero suyo en el club. Así, en un contexto de cambios profundos, Boca eligió sostener una figura que considera fundamental para la convivencia y el funcionamiento interno del plantel, aun cuando su aporte no se mida en minutos dentro del campo.