Boca recibió una noticia preocupante en la práctica de este miércoles: Ander Herrera sufrió un nuevo desgarro y volvió a quedar al margen del equipo. El mediocampista español, que venía de encadenar dos titularidades consecutivas, padeció una ruptura fibrilar de grado 1 en el músculo recto anterior del muslo derecho, una lesión que vuelve a frenar su intento de continuidad justo cuando buscaba afirmarse en el once de Claudio Úbeda.
El contratiempo se dio en la antesala del duelo frente a Vélez y se suma a un panorama complejo para el Xeneize, que también perdió a Exequiel Zeballos por una lesión muscular. En el caso de Herrera, el diagnóstico encendió las alarmas no solo por la baja inmediata, sino por el historial reciente del futbolista, que desde su llegada al club no logró sostener regularidad física durante un período prolongado.
El 2025 fue especialmente difícil para el volante vasco, al punto de que regresó a España para replantearse su futuro tras una seguidilla de lesiones. Luego de ese paréntesis, decidió continuar en Boca y acordó un nuevo contrato con una reducción salarial, motivado por el desafío deportivo y la posibilidad de disputar competencias internacionales. Incluso, tras su regreso, había explicado: “Necesitaba reflexionar y ver qué queríamos a nivel familiar. Estuvimos muy felices aquí en Buenos Aires, yo personalmente en Boca también. Decidimos volver en parte por el hecho de poder disfrutar de una competición tan apetecible para el club”.
Sin embargo, este nuevo desgarro se convirtió en el quinto desde que viste la camiseta azul y oro. A lo largo de su ciclo en Boca, Herrera acumuló cerca de 200 días de inactividad y se perdió más de 25 partidos oficiales, una estadística que refleja el impacto de las lesiones en su etapa en el club. Aunque se trata de una ruptura de grado leve, los antecedentes obligan a extremar precauciones y, por ahora, no hay plazos claros para su regreso, en un momento en el que Boca necesita respuestas y continuidad en el mediocampo.
