Marcelo Weigandt volvió a ponerse la camiseta de Boca en un partido oficial después de más de dos años y su reaparición abrió un nuevo interrogante en el lateral derecho. El ingreso del Chelo se dio en la derrota ante Vélez, cuando Juan Barinaga debió abandonar el campo por una molestia física. Más allá del resultado adverso, el regreso del defensor no pasó desapercibido en un contexto donde el rendimiento del puesto está bajo la lupa y el inicio de 2026 dejó más dudas que certezas en ese sector.
Formado en el club, Weigandt tuvo su estreno en Primera en 2019 y rápidamente quedó expuesto a la competencia interna. En aquel entonces, la presencia de futbolistas con mayor recorrido le impidió consolidarse, situación que derivó en su primera salida a préstamo. En Gimnasia encontró continuidad y mostró una versión más ofensiva, algo que luego le permitió regresar a Boca con mayor rodaje y vivir una segunda etapa con participación frecuente, incluso aportando goles y soluciones cuando el calendario apretaba.
El escenario volvió a cambiar en 2023, cuando los movimientos tácticos y la llegada de nuevos nombres lo fueron relegando. Esa situación lo empujó a buscar una experiencia en el exterior y terminó recalando en Inter Miami, donde logró estabilidad, sumó muchos minutos y fue parte de un ciclo exitoso, con títulos incluidos. Esa etapa le permitió crecer en confianza y sostener regularidad, algo que no había conseguido en sus pasos anteriores por el Xeneize.
De regreso en el club, su panorama inicial parecía lejano al protagonismo, entrenándose apartado junto a otros jugadores que volvían de préstamos. Sin embargo, la pretemporada cambió la percepción del cuerpo técnico y Weigandt volvió a entrar en consideración. Con Barinaga cuestionado por los hinchas y Blondel fuera del radar, la oportunidad apareció antes de lo esperado. A sus 26 años, con contrato vigente hasta 2027, el lateral afronta una nueva chance en Boca y el desafío de demostrar que esta vez puede afirmarse definitivamente.
