El regreso de Edinson Cavani a las canchas con la camiseta de Boca Juniors, después de más de dos meses y medio de inactividad, dejó más de una arista para el análisis. En el empate frente a Platense en la Bombonera, el delantero uruguayo volvió a sumar minutos en el segundo tiempo, aunque su participación pasó casi desapercibida dentro de un rendimiento colectivo que no logró marcar diferencias. Sin embargo, hubo un detalle reglamentario que escapó a la vista general y que pudo haber cambiado el foco de la noche.
Al momento de ingresar desde el banco, Cavani lo hizo con su alianza de casamiento colocada en la mano derecha. El hecho, que para muchos podría interpretarse como un simple gesto personal o una costumbre, contradice lo establecido por la Regla 4 del reglamento de la International Football Association Board (IFAB). La normativa es clara respecto al uso de cualquier tipo de joyería durante los partidos oficiales, ya que se considera un elemento potencialmente peligroso tanto para quien lo porta como para los demás futbolistas.
La responsabilidad de controlar este tipo de situaciones recae en el equipo arbitral. En primera instancia, el cuarto árbitro Nelson Sosa debía supervisar la indumentaria antes de autorizar el ingreso del atacante. Ya con el juego en marcha, el árbitro principal, Sebastián Zunino, tampoco advirtió la presencia del anillo. De haberlo detectado, el procedimiento indicaba detener la participación del jugador para que se retirara el objeto; en caso de negativa, correspondía una amonestación y, de persistir la infracción, incluso una sanción mayor.
Nada de eso ocurrió. La situación quedó como una curiosidad reglamentaria en una noche marcada por la tensión y los silbidos finales. Cavani disputó algo más de veinte minutos, tuvo una intervención que terminó en posición adelantada y dejó la sensación de que aún necesita ritmo. Para Boca, el alivio fue doble: recuperó a un referente ofensivo y evitó que un descuido administrativo derivara en un problema disciplinario.
