La derrota frente a Vélez volvió a encender las alarmas en River y profundizó el momento más delicado del segundo ciclo de Marcelo Gallardo. El entrenador decidió no brindar declaraciones públicas y, según trascendió, solicitó entre 24 y 48 horas para definir su continuidad. En ese contexto de incertidumbre, todas las miradas apuntan a la postura del presidente Stefano Di Carlo y al margen de maniobra que tendrá la dirigencia ante una eventual salida.
Los números explican el clima que se vive en Núñez. La racha adversa de los últimos partidos —con una seguidilla de derrotas que golpeó fuerte en el plano deportivo y anímico— llevó al Muñeco, por primera vez desde su regreso a mediados de 2024, a evaluar seriamente la posibilidad de dar un paso al costado. Hasta el momento, la determinación final depende exclusivamente de él. No hubo ultimátum ni reunión de emergencia con la conducción del club.
Desde la dirigencia mantienen una postura clara: respaldar al entrenador y respetar los tiempos que necesite para tomar una decisión. Gallardo fue uno de los pilares del proyecto que se consolidó tras las elecciones de noviembre y su renovación contractual, anunciada en la antesala del último superclásico, había sido interpretada como una señal contundente de apoyo institucional. Sin embargo, los resultados posteriores diluyeron aquella muestra de confianza y hoy el escenario es más complejo.
En las oficinas del Monumental aseguran que no está prevista una cumbre previa al entrenamiento y que, si se produce una salida antes del compromiso ante Banfield, será por voluntad del propio entrenador. Gallardo dejó el estadio José Amalfitani sin hablar ante la prensa, pero convocó al plantel para la práctica de esta tarde. El silencio domina la escena y la definición se conocerá en las próximas horas: continuar para intentar revertir el presente o cerrar un ciclo que, hasta ahora, no logró recuperar la solidez esperada.
