La situación de River Plate continúa siendo alarmante. Tras la derrota por 1-0 ante Vélez en el Estadio José Amalfitani, el equipo dirigido por Marcelo Gallardo alcanzó un récord preocupante: diez derrotas en los últimos quince encuentros por Liga Profesional, consolidándose como el club con el peor rendimiento reciente del fútbol argentino. La estadística refleja no solo el bajón futbolístico del Millonario, sino también la creciente incertidumbre alrededor del futuro del cuerpo técnico y del equipo.
El único gol del partido ante Vélez, anotado por Manuel Lanzini en los primeros minutos, volvió a evidenciar las dificultades defensivas y la falta de contundencia ofensiva de River. A lo largo de la quincena de partidos analizados, el Millonario apenas logró tres victorias frente a Talleres, Barracas Central y Gimnasia, mientras que sumó dos empates y sufrió diez derrotas, ubicándolo muy por detrás de Newell’s y Atlético Tucumán, ambos con nueve caídas. Este presente marca un contraste notable con los estándares habituales del club de Núñez y genera preocupación entre los hinchas y dirigentes.
La crisis del equipo no se limita al ámbito local. En la Copa Libertadores, River fue eliminado en los cuartos de final ante Palmeiras, mientras que en la Copa Argentina 2025 cayó en semifinales frente a Independiente Rivadavia, que luego se consagró campeón. La combinación de malos resultados, lesiones de jugadores clave como Franco Armani y Juan Fernando Quintero, y la falta de una reacción contundente en el campo de juego ha generado un clima de tensión y críticas hacia Gallardo y su cuerpo técnico.
Con solo tres victorias en la última quincena de partidos y una racha de derrotas consecutivas que incluye caídas ante Atlético Tucumán, Riestra, Rosario Central, Sarmiento, Boca y Vélez, River enfrenta un momento histórico de incertidumbre. La presión crece y las alarmas sobre el futuro de Gallardo se intensifican, mientras los hinchas y analistas buscan señales de reacción en un equipo acostumbrado a los éxitos. Cada partido se convierte ahora en una prueba para revertir un presente que amenaza con prolongar la crisis.