En un contexto de creciente exigencia y con la paciencia de los hinchas cada vez más corta, Boca afronta una semana determinante en el Torneo Apertura. El empate ante Gimnasia de Mendoza volvió a dejar una sensación amarga en la Bombonera y profundizó una racha sin triunfos que inquieta puertas adentro. Con ese escenario, Claudio Úbeda prepara modificaciones puntuales para la visita a Lanús, donde el equipo necesita mostrar una reacción concreta tanto en juego como en resultados.
La igualdad frente al conjunto mendocino expuso dos caras bien marcadas. Un primer tiempo apagado, con escasa generación y dificultades para imponer condiciones, contrastó con una segunda mitad más dinámica tras los ingresos de Leandro Paredes y Tomás Aranda. El capitán aportó orden y claridad en la circulación, mientras que el juvenil de 18 años se animó a romper líneas y pisar el área con decisión. Esa transformación en el rendimiento dejó una conclusión clara para el entrenador: ambos podrían meterse desde el arranque en el próximo compromiso.
Paredes, ya recuperado del esguince de tobillo que lo obligó a frenar durante dos semanas, está en condiciones de volver a ser titular. Su presencia implicaría una variante en la mitad de la cancha, con la intención de recuperar equilibrio y liderazgo en un tramo delicado del campeonato. Por su parte, Aranda se perfila para vivir un momento especial: tras sumar minutos ingresando desde el banco, tendría su primera titularidad en Primera División luego de una actuación que lo ubicó entre los puntos más altos del equipo.
Más allá de estas posibles dos modificaciones, Úbeda no planea una revolución. El cuerpo técnico entiende que el problema no pasa por un recambio masivo, sino por ajustar funcionamiento y actitud. En una cancha siempre compleja y ante un rival que llega fortalecido, Boca sabe que no puede permitirse otro traspié. La visita a Lanús aparece como una oportunidad para recuperar confianza y empezar a cambiar el rumbo en el certamen local.
