Mientras el mercado de pases se agita en Boca, un nombre que parecía una utopía vuelve a instalarse con fuerza en la Ribera: Paulo Dybala. El delantero, actualmente en la Roma, no solo es protagonista por su talento sino también por la relación que mantiene con Leandro Paredes, con quien compartió unas recientes vacaciones que despertaron sospechas, ilusión y hasta teorías sobre un futuro inmediato con la camiseta azul y oro.
Durante el receso europeo, las familias de Dybala y Paredes coincidieron en destinos paradisíacos como Miami y Maldivas. Las imágenes publicadas por el propio Paredes reflejan una cercanía que va más allá del compañerismo de Selección. Risas, abrazos y hasta frases espontáneas de los hijos que dejan entrever algo más. En el círculo íntimo, incluso, se comenta que el mediocampista campeón del mundo no pierde oportunidad para convencer a su amigo de sumarse a Boca.
Pese a que Dybala renovó recientemente con Roma hasta 2026, en el club argentino no descartan que el regreso al país esté dentro de los planes del cordobés. Él mismo lo ha dicho en reiteradas entrevistas: jugar en la Bombonera sería cumplir un sueño. Su vínculo emocional con Boca nació en la infancia, por influencia de su padre, y ese sentimiento nunca se apagó.
En Boca son cautos. No hay negociaciones formales, pero las puertas están abiertas. La dirigencia sabe que no es un fichaje sencillo, pero tampoco imposible. El caso Cavani, años atrás, parecía similar. Hoy es ídolo. Dybala aún no pisó la Bombonera como jugador, pero el ambiente ya lo espera como si fuera uno más. El reloj corre, y la ilusión se fortalece con cada foto y cada gesto.
