En un clima de camaradería y con el impulso de la reciente victoria, el plantel de Boca Juniors se reunió en el predio de Ezeiza para compartir un asado organizado por el propio Fernando Gago. La noche del martes sirvió como punto de encuentro para jugadores, cuerpo técnico y utileros, quienes disfrutaron de un costillar en un evento que marcó el retorno de una costumbre emblemática del club.
Desde los tiempos de Carlos Bianchi, las parrilladas fueron parte fundamental de la vida cotidiana del equipo, fomentando la unión del grupo en momentos clave de la temporada. Sin embargo, con la llegada de Gago y su enfoque en una rigurosa planificación nutricional, estas reuniones se habían vuelto menos frecuentes. No obstante, el contexto favorable y la necesidad de relajar tensiones permitieron recuperar la tradición en una jornada distinta en la semana.
El mensaje oficial del club en redes sociales, «¡Hay equipo!», dejó en evidencia la importancia de estos encuentros para fortalecer el grupo de cara a lo que se viene. Boca atraviesa un mes exigente y aprovechar el calendario para un momento de distensión puede resultar clave para afrontar los desafíos que se aproximan. La decisión de Gago de ponerse al frente de la parrilla refuerza la imagen de un entrenador cercano a sus dirigidos, capaz de equilibrar la disciplina con momentos de esparcimiento.
Mientras el foco ya está puesto en el partido contra Racing del próximo sábado a las 22:15, la planificación deportiva sigue su curso. Aunque el DT había apostado por la rotación en encuentros anteriores, todo indica que mantendrá la base del equipo que viene de vencer a Huracán. Además, existe la posibilidad de modificar el esquema táctico para fortalecer la defensa ante un rival exigente como el equipo de Gustavo Costas. Con Marcos Rojo en duda por molestias físicas, la presencia del capitán en la zaga será una incógnita hasta último momento.
Con el ánimo en alza y la confianza renovada, Boca busca consolidar su juego y mantener el buen rendimiento. El regreso de los asados, bajo la mirada de Gago, no solo refuerza la unión del plantel, sino que también refleja un equilibrio entre la exigencia y la identidad que caracteriza al club.