En Boca todavía no hay un reemplazante oficial tras la salida de Fernando Gago, pero en el club ya se teje una movida que podría sacudir al mundo Xeneize. Juan Román Riquelme no se resigna a la idea de sumar nuevamente a Carlos Bianchi al universo boquense y ya comenzó un operativo silencioso pero ambicioso: convencer al Virrey para que acompañe al plantel en el próximo Mundial de Clubes, que se disputará a mediados de año en Estados Unidos. El sueño, claro, va más allá de ese viaje.
A los 76 años y retirado de la dirección técnica desde 2014, Bianchi disfruta de una vida tranquila, dividida entre Buenos Aires y París. Su último paso por el banco fue, justamente, en Boca, donde dejó una huella imborrable: tres Copas Libertadores, dos Intercontinentales y múltiples títulos locales lo convirtieron en una leyenda viviente del club. Por eso, la sola posibilidad de tenerlo cerca nuevamente genera ilusión en el hincha y entusiasmo en la dirigencia.
Según trascendió desde el entorno cercano a Riquelme, la intención no es solo que Bianchi sea parte de la comitiva como una figura institucional, sino también tentar al ex entrenador con un rol más activo. Román sueña con que el Virrey se anime a liderar un cuerpo técnico o, al menos, sea parte de una estructura que devuelva al club la jerarquía perdida en los últimos tiempos.
Mientras tanto, el presente obliga a mantener el enfoque en la competencia local, y será Mariano Herrón quien cierre el Torneo Apertura como DT interino. En paralelo, el Consejo de Fútbol también baraja nombres concretos para tomar el mando: Gabriel Milito y Gustavo Quinteros encabezan la lista de opciones más viables.
La historia todavía está lejos de cerrarse, pero la posibilidad de que Bianchi vuelva a formar parte del día a día de Boca —aunque sea desde un lugar simbólico— encendería la llama de la mística copera justo antes de una cita internacional histórica. Riquelme lo sabe y hará todo lo posible para que esa imagen se concrete.