Juan Fernando Quintero ya está en Buenos Aires y River lo celebra como un verdadero regreso de lujo. En medio de una madrugada fría, el mediocampista colombiano arribó al país para cerrar los últimos detalles de su regreso al club de Núñez, donde se convertirá en el segundo refuerzo del ciclo actual. A sus 32 años, el talentoso zurdo vivirá su tercera etapa en la institución con la camiseta número 10 en la espalda, la misma con la que escribió una página imborrable en la historia del club.
Después de semanas de negociaciones complejas con América de Cali, el pase se resolvió a cambio de 2,2 millones de dólares. Si bien la dirigencia esperaba que su retorno se diera en condición de libre, las circunstancias del mercado obligaron a desembolsar una cifra importante para volver a contar con un jugador que sigue siendo considerado un distinto. Marcelo Gallardo, de regreso como entrenador del equipo, fue determinante para acelerar la gestión. La zurda mágica de Juanfer es una herramienta que el DT valora como única.
Durante la mañana de este jueves, Quintero se someterá a los estudios médicos de rutina y luego se dirigirá al estadio Monumental para firmar su contrato, que lo vinculará con River hasta mediados de 2029. Su vínculo a largo plazo habla de un proyecto pensado en serio, en el que Gallardo intentará recuperar la mejor versión del colombiano, que aún tiene mucho para ofrecer.
Más allá de la nostalgia que despierta su nombre, el cuerpo técnico deberá decidir si lo incluirá de entrada o lo dosificará en minutos. Lo cierto es que la llegada de Juanfer potencia un plantel que ya comenzó a renovarse con figuras como Maximiliano Salas, y que podría sumar más refuerzos en los próximos días. En paralelo, siguen las tratativas por Juan Carlos Portillo y Matías Galarza Fonda, dos jóvenes con gran proyección que interesan en Núñez.
Con la 10 otra vez en su espalda y una Bombonera aún presente en la memoria colectiva por aquel gol inolvidable en Madrid, Quintero retorna al club donde vivió sus mayores gestas. River lo espera con los brazos abiertos y la ilusión de que su magia vuelva a brillar.