El partido entre Victoriano Arenas y Central Ballester por la Primera C terminó en escándalo. Lejos de tratarse solo de un resultado deportivo, el encuentro se transformó en una jornada violenta marcada por una agresión directa contra Luis Ventura, director técnico de Victoriano y reconocido periodista. El hecho no solo lo dejó internado por lesiones, sino que expuso un entramado de violencia, amenazas y conflictos que vienen desde hace años.
Todo se desató tras el pitido final del 2-2, cuando, según testigos y declaraciones, varios hinchas de Ballester invadieron el campo de juego desde la tribuna con una escalera ya preparada. Ventura asegura que el ataque no fue casual: “Estaba todo programado, tenían la escalera lista para entrar apenas hubiera algún incidente”. Mientras intentaba proteger a su arquero Joaquín Rodríguez, quien estaba siendo acorralado por cuatro personas, recibió un golpe sorpresivo por la espalda que lo dejó inconsciente. El arquero terminó con dos cortes profundos en el pecho producto de una faca tumbera.
La situación escaló rápidamente. Jugadores de Victoriano Arenas también resultaron agredidos. Ventura, conmovido y visiblemente dolido, no dudó en señalar responsabilidades: acusó directamente al presidente de Central Ballester de mentir y encubrir la presencia de barras, negando la magnitud de lo ocurrido. Además, denunció vínculos con apuestas clandestinas y sobornos dentro del fútbol de ascenso, un tema tan grave como invisibilizado.
A pesar del dolor físico y emocional, Ventura dejó en claro que no bajará los brazos. “Prefiero seguir luchando por las buenas costumbres antes que entregarles el fútbol a los violentos”, afirmó con firmeza. Su decisión ahora es continuar, no solo desde lo deportivo, sino también desde una postura de denuncia activa y visible. Lo que ocurrió en Ballester excede lo futbolístico: es un llamado urgente a revisar la seguridad y la ética en el fútbol del ascenso.