El deporte argentino atraviesa una jornada de profundo dolor por la muerte de Jorge “Locomotora” Castro, quien falleció este miércoles a los 59 años. El expúgil se descompensó mientras se encontraba en el Bingo de Morón y, pese a la asistencia médica, no pudieron reanimarlo. De acuerdo con la información difundida, el episodio estuvo relacionado con una baja de insulina en el marco de su cuadro de diabetes.
Castro se encontraba en la sala de máquinas del establecimiento cuando sufrió el problema de salud. Según el parte policial, un médico llegó al lugar para brindarle asistencia y constató su fallecimiento. La noticia generó conmoción por la partida de uno de los boxeadores más reconocidos del país, cuya carrera estuvo marcada por grandes victorias, combates inolvidables y una personalidad que trascendió los límites del cuadrilátero.
Una carrera marcada por la gloria y una noche inolvidable
Nacido el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, Santa Cruz, Castro construyó una trayectoria extraordinaria en el boxeo profesional. Debutó en 1987 y disputó 144 peleas, con un balance de 130 triunfos, 11 derrotas y tres empates. De sus victorias, 90 fueron por nocaut. El momento más importante de su carrera llegó el 12 de agosto de 1994, cuando venció al estadounidense Reggie Johnson en Buenos Aires y conquistó el título mundial de peso mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).
Sin embargo, una de las páginas más recordadas de su historia deportiva se escribió el 10 de diciembre de 1994, en Monterrey, México. Frente al estadounidense John David Jackson, Castro atravesó varios asaltos complicados, pero encontró una oportunidad en el noveno round y conectó una izquierda que definió el combate por nocaut. El propio boxeador bautizó aquel impacto como “La mano de Dios”, en referencia a Diego Maradona y su histórico gol en el Mundial de México 1986. La revista estadounidense The Ring reconoció aquella pelea como la mejor del año y destacó el noveno asalto como el más sobresaliente de la temporada.
Del ring a la solidaridad
A lo largo de su carrera, Castro también enfrentó momentos difíciles. En 1995 perdió su corona mundial ante el japonés Shinji Takehara y, años después, sufrió un grave accidente automovilístico que le provocó un colapso pulmonar y múltiples fracturas. Pese a las dificultades, logró regresar al boxeo y puso fin a su trayectoria profesional en 2007, luego de imponerse por nocaut técnico a José Luis Herrera. En sus últimos años, además, participó de MasterChef y dedicó buena parte de su tiempo a ayudar a personas en situación de vulnerabilidad. Instalado en Morón, impulsaba un centro comunitario y colaboraba con comedores y merenderos de Lomas de Zamora. Su compromiso estaba ligado a las carencias que había vivido durante su infancia, una experiencia que resumió con una frase contundente: “Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos”. Con su muerte, el boxeo argentino pierde a uno de sus grandes campeones y a una figura cuya huella también quedó marcada por su trabajo solidario.
